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26/04/2018 ¿Cómo beneficiarnos de los compuestos bioactivos de las plantas si padecemos o queremos evitar la obesidad?
La obesidad se define como una acumulación anormal o excesiva de grasa que puede ser perjudicial para la salud. Generalmente se clasifica usando el índice de masa corporal (IMC). El IMC se calcula dividiendo el peso en kilogramos entre la altura en metros al cuadrado (kg/m2). Se considera obesidad de clase I si el IMC está entre 30 y 34.9. Este grado de obesidad está asociado a un riesgo moderado. La clase II, asociada a un riesgo alto, tienen un IMC entre 35 y 39.9. Finalmente, la clase III, con un IMC mayor de 40, está asociada con un alto riesgo de mortalidad. La obesidad es una de las enfermedades evitables que en gran medida induce a trastornos mortales, incluidos el síndrome metabólico, diabetes tipo II, trastornos metabólicos y enfermedades de corazón. Su causa se asocia a polimorfismos genéticos, metabolismo corporal, dieta, actividad física, microbiota intestinal y la condición social. En las últimas décadas, han ocurrido una serie de cambios epigenéticos debido a la alteración de la dieta (mayor ingesta de grasa y azúcares y menor ingesta de alimentos crudos) y a una vida más sedentaria, los cuales han favorecido la acumulación de grasas.

La historia de las medicinas anti-obesidad no es conocida por su fiabilidad y efectividad. Es por ello que en los últimos años se ha visto un gran esfuerzo e interés por buscar nutracéuticos como nueva forma protectora y terapéutica contra la obesidad junto con un cambio en la dieta y un incremento de la actividad física. Esto se puede realizar mediante la identificación de compuestos biaoactivos con la capacidad de alterar vías moleculares, así como la expresión de genes a proteínas. Un buen ejemplo de dianas genéticas son los receptores nucleares PPARs, que funcionan como factores de transcripción para aumentar o disminuir la expresión de ciertos genes encargados, entre otras cosas, del metabolismo de los carbohidratos, lípidos y proteínas. Los compuestos bioactivos derivados de plantas poseen estructuras químicas diversas y pueden ser extraídos de la flor, las raíces, el tallo, la hoja o la semilla. Los compuestos polifenólicos son unos de los metabolitos secundarios más comunes de las plantas y se clasifican en fenoles simples, ácidos fenilacéticos, ácidos hidroxixinámicos, estibenos, ácidos hudroxibenzoicos, naftoquinonas, xantonas y flavanoides. Este último grupo incluye flavones, flavonols, flavanones, flavanonols, flavanols, antocianinas, isoflavones, neoflavonoids y chalcones. Todos estos grupos tienen en común un anillo de seis carbonos y seis hidrógenos con tres dobles enlaces. Además, todos posen otros anillos con dobles enlaces y numerosos grupos formados por un oxígeno o un oxígeno más un hidrogeno. Estas características químicas les conceden un poder antioxidante muy potente, convirtiéndolos en fitoquímicos beneficiarios para prevenir y tratar la obesidad.

Dentro de la categoría de las frutas, los siguientes fitoquímicos han sido destacados por su capacidad anti-obésica: la cercitina, ácido cafeico y los hidroxiflavanoides de la hoja de la mora; los flavanoides de la uva; las antocianinas de los arándanos; los polifenoles cítricos de la granada y la naranja, y muchos otros compuestos. Por destacar uno de ellos, la fresa y la frambuesa contienen el flavanoide tiriloside, con funciones antioxidantes y glicosídicas, es capaz de inhibir el proceso inflamatorio en varios tejidos, así como la acumulación de grasa en el hígado y en los músculos inducida por la obesidad. Además, realza la señal adiponectiva, la oxidación de ácidos grasos en el hígado y en el músculo esquelético y es agonista para el receptor PPAR-alfa.

Dentro del grupo de las verduras, se destaca la acción sinérgica del ajo y de la cúrcuma contra la hiperglicemia. El ajo también potencia la acción de la cebolla para reducir la posibilidad de fallo cardiaco, obesidad e hipercolesterolemia. Otros estudios con resultados positivos en relación con el tema que tratamos fueron realizados con pimiento rojo. Además, un estudio con melón amargo (Momordica charantia), realizado durante 16 semanas en ratones obesos, observó una significante bajada de peso, hiperglicemia e hiperlipidemia, triglicéridos y colesterol, un aumento de la actividad de la enzima superóxido desmutasa y una bajada de la actividad de la vía reguladora de la unión del esterol a proteína y ácidos grasos en los ratones alimentados con un suplemento de melón amargo en comparación con placebo.

Una protección ante enfermedades inflamatorias mediante el consumo de una dieta sana y rica cereales integrales y legumbres ha sido demostrada en varias ocasiones. Es importante destacar que en un grano de cereal hay tres partes: el salvado, el germen y el endospermo. Los cereales integrales mantienen las tres partes, un balance perfecto entre carbohidratos (presente en el endospermo, junto con algunas vitaminas y proteínas), y fibra, vitaminas, minerales, proteínas, antioxidantes y ácidos grasos (presente en el germen y salvado). Durante el proceso de refinamiento del grano integral (entero) se remueve el salvado y el germen para obtener el cereal “blanco” o refinado, perdiendo la capacidad antioxidante de los compuesto polifenoles, las vitaminas, los amino ácidos con grupos de azufre, y otros fitoquímicos. Estos compuestos antioxidantes han sido investigados por sus diversos mecanismos anti-diabéticos, en los que se incluye la prevención de oxidación de grasas polinsaturadas, reducción de la concentración de homocisteina en plasma como cofactor de enzimas antioxidantes y por la estabilización y/o deslocalización de electrones no apareados.

Por último, tanto el té como las especies han sido destacados por su poder anti-obésico. La interacción de catequinas y cafeínas del té verde con la liberación de noradrenalina, promueve la termogénesis del tejido adiposo marrón. Además, las catequinas del té verde pueden disminuir el uso energético y aumentar la oxidación de grasas. Asimismo, el extracto de té negro puede inhibir la lipasa pancreática. Por otro lado, especies como el comino negro, el clavo, la canela, el tomillo, la nuez moscada, la albahaca y otras muchas han demostrado ejercer un efecto anti-obésico mediante el cambio del perfil de grasas, activación de los receptores PPARs, modulando la resistencia a la insulina, o reduciendo el apetito.

Claramente, la ciencia está avanzando hacia una cura o prevención para la obesidad mediante el uso de fitoquímicos. En un futuro temprano, se espera ver un aumento en la investigación alrededor de este campo además de nuevas tecnologías alimentarias para facilitar la estabilidad y consumo de los mismos.

Escrito por Elena de Marco Castro para Importadores SM, Natural Solutions.

Referencias
Mir, S., Shah, M., Ganai, S., Ahmad, T. and Gani, M. (2017). Understanding the role of active components from plant sources in obesity management. Journal of the Saudi Society of Agricultural Sciences.

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